El síndrome del impostor

Quizá en algunas ocasiones te has sentido inferior, y eso te ha llevado a pensamientos negativos que afectan tu estado emocional. Aparece el miedo, que en ocasiones está vinculado al miedo a ser descubierto, miedo a que se den cuenta de que no eres válido, de que no eres quien pareces ser.

Es una tipología de miedos muy habituales en nuestra sociedad actual, esa sociedad que mide todo por las apariencias, y donde tenemos que estar a la altura, o sino serás expulsado del sistema. Fíjate que vivimos en la era de las redes sociales, donde compartimos los momentos inolvidables de nuestras vidas, esos que son perfectos, donde el puesto de trabajo que ocupas ha pasado a definirnos como persona y nuestro auto concepto pasa por definirnos como “buen amigo”, “buena pareja” o “buen hijo”.

Si alguna vez te ha pasado, vengo a decirte que es normal, y que le pasa a más gente de la que imaginas, y tengo que decirte que a mí personalmente saber que no era la única persona del mundo a la que le ocurría esto ya fue un alivio. Hay estudios que confirmar que más del 70% de la gente ha sufrido este tipo de miedos en algún momento de su vida.

Esto se llama síndrome del impostor y se define como un malestar emocional asociado al sentimiento de no merecer la posición que se ocupa a nivel laboral, académico, social, personal…

Todos sabemos que un impostor es una persona que finge ser alguien que no es de manera voluntaria. La conducta del impostor obedece a una razón, que suele estar asociada a la consecución de determinados objetivos.

De ahí que el síndrome lleve ese nombre, cuando tenemos sentimientos de no sentirnos merecedores de algo, de temor a que nos descubran. Cuando lo padecemos, estamos seguros de que sí supieran lo mediocres que realmente somos, los demás tendrían una visión muy diferente nuestra, y seguramente se alejarían de nosotros o no nos ofrecerían ciertas oportunidades laborales.

Este síndrome suele aparece en momentos de nuestra vida en que nuestras expectativas y auto exigencias superan los recursos disponibles en ese momento, y nuestro auto concepto está bastante bajo.

Yo personalmente es algo que he tenido interiorizado muchos años de mi vida. Era tan exigente conmigo misma, que el miedo a ser descubierta me hacia machacarme más aún. Era simplemente un miedo a que el resto descubriera que era vulnerable, que también tenia dudas, que iba nerviosa a un examen porque no sabría si lo iba a superar, o que temía las preguntas de mis clientes en mi trabajo porque no sabía si podría responderlas todas.  

Y automáticamente aparecían reacciones como:

  • Expectativas de fracaso ante situaciones similares que previamente había superado con éxito, me sentía menos capaz.  
  • Reducción de la motivación de logro que venía asociada a la falta de confianza en  mi misma, y en todo lo que me había esforzado para ello.
  • Y por supuesto, le acompañaba sintomatología emocional negativa sin causa aparente: ansiedad, tristeza, desesperanza, y un largo etcétera.

Si te estás sintiendo identificado con lo que te estoy contando, la gran pregunta ahora es, ¿cómo soluciono esto? ¿Qué hago para reforzar mi auto concepto y salir de esta espiral nociva?

Voy a compartirte algunas herramientas para que puedas ir trabajando en dejar de lado tu “síndrome del impostor”:

  1. Haz una lista de tus fortalezas. Llevar un registro de tus logros es una buena forma de recordarte que NO eres un fraude o un farsante. Cuando te sientas ansioso y mal contigo mismo, revisa tu lista. Los logros que quizá en algún momento no te parezcan importantes suelen adquirir mayor validez con un poco de tiempo y otra perspectiva. Puedo compartirte que el diario de logros es una de las mejores herramientas que he aprendido nunca y que practico con relativa frecuencia, tanto personal como profesionalmente.
  2. No postergues. Dejar las cosas para después solo empeorará tus sentimientos de ineptitud. Enfrenta los problemas directamente y tacha los puntos de tu lista de pendientes. Primero aborda las tareas difíciles para que, una vez que las termines, tengas una sensación de logro y fortaleza. Y si ves que te atascas con esas tareas porque las ves inalcanzables, prueba a dividirla en diferentes subtareas, cosas pequeñas que te supongan tachar una cosa de la lista, la satisfacción irá creciendo poco a poco y cuando te quieras dar cuenta la habrás realizada entera.
  3. Dejar ir a tu perfeccionista interior. El perfeccionismo solo alimenta el síndrome del impostor. Aprender a rebajar tu nivel de exigencia revisando tus expectativas y limita el tiempo que dedicas a la rumiación.

El síndrome se alimenta de tu miedo y no puedes luchar contra él, no podemos luchar contra nosotros mismos, quizás no consigas eliminarlo al completo; pero sí puedes aprender a caminar con él sin que interceda en tus decisiones. Tendrás que abrazarlo, comprenderlo y luego dejarlo ir.

Deseo de corazón que seas capaz de soltarlo, y te invito a que disfrutes de la liberación que supone aceptar que somos imperfectos.

Deja un comentario